AQUÍ EMPIEZA TODO.

Con el afán de conciliar y poder centrarme en la parte que más me gusta de mi trabajo nace «A Gabeta».

Llegar a este nombre no fue fácil aunque siempre estuvo ahí sin yo saberlo…Por mi mente pasaron muchos términos de origen celta, nombres de lugares de mi tierra, de plantas, etc… hasta que me acordé de algo que me decía mi abuelo muy a menudo, «tráeme a tesoira da gabeta»(tráeme la tijera del cajón)… esa gabeta, de ese chinero viejo dónde el abuelo guardaba taantas cosas, en el que a mi me gustaba investigar y en la que llegamos a compartir la tijera aunque él ya no estaba.

A gabeta.

A gabeta es un lugar donde vive todo aquello que a mí me gusta y me representa.

Mi vida rodeada de flores y naturaleza, todo lo aprendido en mis años de trayectoria profesional en el sector de la floristería fusionado con mis propias vivencias , la crianza de mis hijos, la vida en el rural…

Siempre he pensado que nos complicamos en querer lo que no tenemos y no disfrutamos de lo que nos rodea, eso mismo pasa en el mundo floral.

En Galicia tenemos una gran riqueza de verdes autóctonos, ramas de frondosas, flores silvestres, gramíneas… que producen muchísimo por sí solas gracias al clima y no le damos la importancia que se merecen, esa es una de las bases de este proyecto poder trabajar con todas esas especies que la naturaleza nos regala por sí solas o mezcladas con otras cultivadas por productores de la zona, convirtiéndose así en productos sostenibles de km 0 y además totalmente de temporada, una forma de reeducar floralmente hablando y cambiar el concepto.

Algunas de las técnicas que utilizo las he aprendido de las costumbres de nuestros mayores, otras en formaciones que hice en estos años de florista. La fusión de estas técnicas da resultados maravillosos de conservación y manipulación de las flores, lo nuevo es fascinante , pero nunca debemos olvidar nuestros orígenes.

Esta fórmula de trabajo me permite trabajar y poder conciliar mejor, el taller de A gabeta de momento es una zona multiusos de mi casa donde se trabaja, se juega e incluso se dobla la ropa, tal vez algún día se convierta en algo más grande y específico, pero de momento me permite dejar un bizcocho en el horno, mientras preparo vuestros encargos, para merendar con mis hijos y, a continuación, salir a pasear bajo el sol o el orballo a recoger materiales para los encargos de mañana, y eso ya es un logro para mí. Como podéis ver, no tenemos tiempo para aburrirnos …si me lo cuentan hace 3 años no me lo creería.

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